El peligro: el silencio. Después de todo, quizás no sea tan malo.
Medito: ¿es el silencio o la quietud?
Y ahí el conflicto.
Es el bautismo de fuego, luego del adormecimiento lungo de la voluntad. Algún preclaro sabrá qué milagro de la semántica lleva a semejante contrasentido, bautismo (sumergir en las aguas) de fuego.
A propósito de ciclos que terminan para volver a empezar, quien ha vivido sus horas en el mar, sabrá lo que es hundirse hasta que todo es azul como el mar azul y el aire azul y te morís, después de una ola mal llevada. Nosotros los costeros sabemos bien lo que significa morirse un ratito. Y no me vengan con la gilada de Sueyro.
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